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El ejercicio mejora el aprendizaje: te lo dicen las ratas

El ejercicio aeróbico tiene efectos favorables en las funciones cognitivas. De hecho, las personas mayores muy activas físicamente disfrutan de una menor atenuación de sus capacidades mentales que nuestros mayores sedentarios.

Un incremento en la actividad física aumenta tanto la capacidad aeróbica como las capacidades de aprendizaje, tanto en humanos como en animales. Sin embargo, no está muy claro si estos beneficios intelectuales son consecuencia directa del aumento de la capacidad aeróbica por sí misma o de otros beneficios secundarios al ejercicio aeróbico.


Este curioso estudio que he encontrado llevado a cabo en la Universidad de Jyväskylä (Finlandia) muestra que el ejercicio aeróbico (y no otro tipo de actividad física) promueve las habilidades cognitivas en ratas, y presumiblemente en otros animales, como por ejemplo, todos aquellos que gozamos de evitar el sedentarismo para meternos un chute de endorfinas a base de ejercicio aeróbico al menos una vez a la semana o cada día en pequeñas dosis.

En este experimento criaron y entrenaron ratas durante 23 generaciones como corredoras de fondo, sí, autenticas ratas maratonianas, y con ellas hicieron un grupo que ni Speedy González. Se hizo otro grupo con ratas normales.

Heikki Kainulainen, profesor de Fisiología del Ejercicio, les aplicó un test similar y adaptado al que se usa para medir resistencia física en humanos. La diferencia de resistencia y de capacidad aeróbica entre un grupo y otro era del 500%. Algo así como entre la mía y la de Alberto Contador.

Por otra parte, se entrenó a todas las ratas que, ante un sonido muy concreto, aparecería en algún lugar escondido un premio de comida entre distintas localizaciones. Tras aprender esto, cambiaron el sonido que predecía que más comida aparecería si se buscaba, mientras que el sonido previo dejaba de anticiparlo. El tiempo que tardaban en aprender que el nuevo estímulo era el que anticipaba la comida, y dejaban de hacer caso al antiguo, es lo que en neurociencia llamamos “tiempo de aprendizaje discriminativo” y mide la flexibilidad cognitiva, ya que obliga al cerebro a abandonar viejas reglas que antes funcionaban para adquirir otras nuevas (en humanos este experimento se hace con un aparato parecido a las tragaperras y con dinero).

Se descubrió que las ratas que habían sido entrenadas como buenas corredoras de fondo y con más capacidad aeróbica eran mucho mejores en aprender la contingencia de sonidos y comida, en su capacidad de aprender nuevas reglas que predecían la aparición de su alimento y en desechar las que ya no funcionaban. Sin embargo, ambos grupos eran similares en el aprendizaje de actividades meramente motoras. Es decir, el ejercicio les había mejorado su “flexibilidad cognitiva”, unas de las variables más importantes de la inteligencia.

Este experimento nos subraya de nuevo el valor del ejercicio físico para nuestro cerebro, así que, empollones del mundo, 30 minutos de cardio y de vuelta a la biblioteca, aprenderéis más y mejor; y seguramente no seréis tan tozudos, ya que la flexibilidad mental es la virtud que nos previene de tropezar dos veces con la misma piedra y es la piedra angular de la inteligencia, o lo que es lo mismo, nuestra capacidad de resolución y adaptación a las demandas ambientales, es decir, los problemas.


Bibliografía:

Jan Wikgren, Georgios G. Mertikas, Pekka Raussi, Riina Tirkkonen, Laura Äyräväinen, Markku Pelto-Huikko, Lauren G. Koch, Steven L. Britton, Heikki Kainulainen. Selective breeding for endurance running capacity affects cognitive but not motor learning in rats. Physiology & Behavior, 2012; 106 (2): 95