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La profesión más antigua podría ser… ¡Policía!

Los chimpancés, al igual que otros primates, poseen un especial interés por la socialización y la cohesión social, de hecho, muchas de nuestras conductas sociales tienen su germen en nuestros antepasados, los monos. Tal es este interés, que poseen al igual que nosotros sus herramientas para garantizar la estabilidad del grupo de convivencia.

Este estudio muestra que algunos chimpancés median en conflictos entre otros miembros del grupo, no tanto por beneficio propio o por simpatía hacia alguna de las partes, sino de manera desinteresada y por preservar la paz.


En las ciencias sociales y en neurociencia llamamos conducta “prosocial” a aquellas “conductas voluntarias cuya intención es beneficiar a otro o al grupo“. La evidencia de muchos estudios nos sugiere que las conductas prosociales son claves para la salud y mantenimiento de cualquier grupo social en todos sus estratos (Helliwell, 2004; Straubhaar, 2009). Además, la empatía es la mayor y más poderosa fuente de motivación que elicita conductas prosociales (Decety, 2011).

Por otra parte, el conflicto es algo inevitable en cualquier modo de convivencia, y no deja de ser verdad en las comunidades de nuestros primos lejanos, los chimpancés. Sin embargo, es la gestión de esos conflictos lo importante para mantener la cohesión social. Pues parece ser que algunos individuos, en las comunidades de chimpancés, se dedican a mantener la paz y el orden.

Primatologistas de la Universidad de Zurich han podido confirmar que ciertos chimpancés intervienen de manera imparcial en los conflictos del grupo para garantizar la estabilidad, y que por tanto, muestran conductas prosociales basadas en un interés comunitario. Esta manera de mediar en el conflicto la llaman “policing”y los autores del estudio la definen como “la intervención imparcial de una tercera parte en un conflicto”.

Los investigadores observaron, monitorizaron y compararon la conducta de cuatro grupos diferentes de chimpancés en cautividad en diferentes zoológicos, con especial atención al grupo del Walter Zoo de Gossau (Zurich) el cual presentaba ciertas circunstancias que lo hacían sensible para mostrar las herramientas de cohesión social, tal como explica Claudia Rudolf von Rohr: “Tuvimos la suerte de poder observar aquí a un grupo de chimpancés donde se habían introducido recientemente dos nuevas hembras y donde la jerarquía entre los machos se estaba redefiniendo. Por tanto la estabilidad y cohesión del grupo era muy frágil, al igual que puede ocurrir en la naturaleza”.

Una de las cosas que más sorprendieron, es que a mayor número de sujetos involucrados en cualquier conflicto o cuando la paz del grupo se veía más en peligro, mayor era la voluntad e intensidad de esos “policías” para intervenir imparcialmente para asegurar la paz.

Otro de los hechos observados es que no todo chimpancé era igual de bueno ejerciendo esta función, y normalmente eran los de mayor rango los que tenían más éxito mediando; de hecho por le general, los “policías” solían ser los individuos más respetados de la comunidad. Por tanto, parece ser, que al igual que en humanos, existen “autoridades” en estas comunidades.

Rudolf von Rohr concluye El interés por los problemas de la comunidad tan desarrollado en el hombre y que constituye la base para nuestro comportamiento moral está profundamente arraigado en nuestros genes, y se puede observar en nuestros parientes más cercanos”.


Bibliografía:

Claudia Rudolf von Rohr, Sonja E. Koski, Judith M. Burkart, Clare Caws, Orlaith N. Fraser, Angela Ziltener, Carel P. van Schaik. Impartial Third-Party Interventions in Captive Chimpanzees: A Reflection of Community Concern. PLoS ONE, 2012; 7 (3)
Decety, J (2011). “The neuroevolution of empathy”. Annals of the New York Academy of Sciences 1231: 35–45
Helliwell, J. F.; Putnam, R. D. (2004). The social context of well-being. Philosophical Transactions of the Royal Society B: Biological Sciences 359 (1449): 1435
Straubhaar, Joseph D., Robert LaRose, and Lucinda Davenport. Media Now: Understanding Media, Culture, and Technology. Boston, MA: Wadsworth, 2009. pp. 427–28